"El problema no es tu ausencia, el problema es que te espero..." "El problema no es quererte, es que tu no sientas lo mismo..." Así dice la canción de Ricardo Arjona, "El Problema". lo más cruel, sin duda es el desamor y el amor no correspondido. Le cantamos al amor para invocarlo y le cantamos al desamor para exorcizarlo. Al hablarles de canciones de desamor se me viene mucho a la mente la última de Arjona: Problema. Ciertamente así es de cierto. Y también debido a contradicciones de la vida parece que queremos a quien no nos quiere y no a quien nos quiere. Ya lo decía Sor Juana Inés de la Cruz: Feliciano me adora y le aborrezco; Lisardo me aborrece y yo le adoro; por quien no me apetece ingrato, lloro, y al que me llora tierno, no apetezco. A quien más me desdora, el alma ofrezco; a quien me ofrece víctimas, desdoro; desprecio al que enriquece mi decoro, y al que le hace desprecios, enriquezco. Si con mi ofensa al uno reconvengo, me reconviene el otro a mí, ofendido; y a padecer de todos modos vengo, pues ambos atormentan mi sentido: aquéste, con pedir lo que no tengo; y aquél, con no tener lo que le pido. Indudablemente en este círculo alguien tiene que ceder en querer a quien no quiere pero de quien es querido. Antes, como las mujeres no podían seguir a los hombres, eran ellas las que cedían. Es por eso que decía Miguel de Unamuno que el amor de la mujer era más incambiable y profundo. Dicho en sus palabras textuales: La mujer se rinde al amante porque le siente sufrir con el deseo. Isabel compadeció a Lorenzo, Julieta a Romeo, Francisca a Pablo. La mujer parece decir: ¡Ven, pobrecito, y no sufras tanto por mi causa! Claro que los tiempos han cambiado y ahora también los hombres pueden ceder ante una insistente pretendienta. Lo ideal sería que se diera una atracción mutua, un flechazo a primera vista para que nadie sufriera por el objeto de su afecto ni tardase tiempo en conquistarlo, pero esto raramente se da (o más bien, se da mucho, pero en las películas y en las telenovelas). El desamor duele (más que amarte duele) y generalmente tarda en sanar. Sin embargo, si la relación, como sea, se dio, al llegar el momento del desencuentro, queda la experiencia y de ello se puede aprender ( tal vez a que la próxima relación sea mejor, a unirse a alguien más compatible, o bien a darse tiempo a sí mismos haciendo cosas que habían abandonado por falta de tiempo, a conocerse y madurar). Si el amor antes correspondido ahora ya no lo es, recuerden el dicho que reza: mejor solo que mal acompañado. ...¿Pero que sucede si ni siquiera fue así? Supongamos que nunca se dio (lo que dice la canción de Arjona: ¿Cómo deshacerme de ti si no te tengo?), es entonces cuando hasta ese desamor se queda incompleto, frustrado. Es el amor no correspondido. Cuando sucede, es mejor darle vuelta a la página pero también es difícil. Los psicólogos nos dicen que cuando amamos un imposible es porque realmente no estamos preparados para una relación y la evadimos de esa manera. Le tememos al amor real y por ello justificamos nuestro miedo con un amor no corrspondido que no se dará nunca. Es cierto que a veces el amor tarda en nacer y finalmente se logra el objetivo, pero si ya se lleva más de un año así, es hora de reconsiderar nuestros objetivos y buscar a alguien que en realidad pueda ser tanto amado como amante, es decir, pueda darnos la otra mano para completar el aplauso deseado. |